lunes, 3 de septiembre de 2018

La persecución

La persecución

¿En serio me está siguiendo una moto de la policía? ¿Pero por qué me tiene que pasar a mí?

Hace meses que no hay controles de policía parando ciclistas. Y además, aquellos controles eran informativos. No me puedo creer que precisamente hoy que he tomado unos vinos me vayan a parar con la bici. Si no me he saltado ni un semáforo, ni he montado hasta bajar de la acera, es más, voy con mi estúpida sonrisa saludando a todo lo que me cruzo.

El día prometía. Los viernes realmente siempre tienen ese aroma a expectativa sin resolver. Todos queremos que nos pase algo único, divertido, diferente o irrepetible un viernes. Algunos lo vamos buscando más que otros y justo hoy que los hados se pusieron de mi parte lo suficiente para hacer que simplemente ocurriese. 

Con buen ánimo ataco el quinto día de la semana, y como todos los amaneceres, a las siete y cuarto de la mañana monto en mi bicicleta y pongo rumbo a la oficina. Lo que, entre otras muchas cosas, supone intercambiar el saludo a mano alzada con el puntual  portero del número 52 de la calle Alcalá que con su mono azul y cigarrillo, sin encender por prescripción enfermera, colgando de la comisura del labio recoge los cubos de basura vacíos.

Siguiendo mi ruta por el semáforo del cruce con el Paseo del Prado, desde el pasado invierno, coincidimos; ataviada con su colorido casco a lunares y montada en su bici plegable una joven con aspecto de trabajar en una auditoría de la zona. Quién sabe, puede que desde su conciencia ecologista vaya otorgando a importantes multinacionales certificados de gestión medioambiental. Y además nos acompaña uno de esos hombres vestidos de traje negro con raya diplomática. Lo que mi abuela llamaba “un hombre de negocios”. En su caso, monta una elegante bici eléctrica con alforja de piel por dónde asoma el maletín del trabajo. Me dan ganas de preguntarle ¿Qué tal va el IBEX? Pero la vergüenza nos ha llevado a los tres a compartir sin mediar palabra el semáforo en rojo mientras el reloj de la parada de autobús cambia de las 7.38 a las 7.39 am. Un día como sin quererlo nos cruzamos las miradas y arqueamos las cejas como diciendo; ¡eh míranos! Aquí estamos los tres salvando el planeta. Mientras que a nuestras espaldas cuatro filas de coches hacen rugir amenazantes sus motores de combustión.

Pero más allá de nuestros egos. Son ya cinco años circulando por Madrid en bicicleta. Y cada día me enamoro más. Es la mejor manera de llegar a cualquier sitio, incluso al trabajo. Y no lo digo por el tiempo que se tarda o el ahorro que supone, ni tan siquiera porque sea un transporte limpio y no contamine el ya maltrecho aire de Madrid.

Hay algo mejor que todo eso. La sensación de libertad. La sensación de que por un momento eres el protagonista de tu película. Por unos instantes el caos parece adquirir sentido. Y eres tú el que cruza la ciudad en vez de la ciudad pasar por encima de ti como un alud incontenible. 

Durante lo que dura el trayecto tienes ilusoria sensación de estar eligiendo por dónde ir. Algo por otra parte infrecuente en el resto de decisiones de tu vida. El aire te acaricia la cara. Y la velocidad de una bicicleta es la ideal para tomar el pulso a la ciudad. Especialmente al alba. Cuando todo el mundo empieza su rutina. De repente, allí estás tú, uno más en el inmenso enjambre de vehículos, peatones, guardas urbanos… y un sinfín de autómatas que cumplen con las órdenes recibidas desde nadie sabe muy bien dónde. Sin embargo, montar en bicicleta no te permite ir con el piloto automático. Una vez que empujas el primer pedal, firmas un contrato con la maquina, ella te transporta a cambio de que mantengas la atención.Y si no cumples con tu parte corres el riesgo de acabar por los suelos.  

Así que te vas percatando de los baches que hay en el asfalto, de los semáforos que bailan acompasados la danza de los colores rojo, verde y amarillo. Te haces uno con el tráfico. Al igual que la frase “be water my friend” aprendes a fluir entre el resto de vehículos, sin molestar y haciéndote ver lo suficiente para no ser molestado. Terminas por comprender que el respeto mutuo es la mejor manera de salir indemne del día a día. Y de que, como si se tratase de un vals, acabas compartiendo pista de baile con muchas y diversas parejas. 

Y cuando llegas al trabajo pones en juego todo lo aprendido en el camino con la bici. Y simulas seguir sujetando el manillar, cogiendo la curva cerrada, cediendo el paso, acelerando el ritmo o simplemente respetando las normas, en definitiva, circulas por la vida manteniendo el equilibrio.

¿Y ahora qué? ¿Cómo escapo de la policía? Solo me faltaba que me pusiesen una multa hoy. El día que había decidido saldar una cuenta pendiente con el pasado y quedar a cenar con esa chica a la que prometí invitar algún día. Si llega la multa a casa quedará claro que no había pasado precisamente una noche en la soledad del hogar conyugal. 

Ahí está. La puerta de El Retiro abierta. Ahora sí que hace justicia a su nombre y se comporta como “el buen Retiro”, allí no me seguirán, soy inofensivo para el tráfico y a estas horas el único peligro que corro es el de echar una cabezada en un jardín. 

Al fin, qué descanso... ¡Pero será posible! Todavía me sigue. Tendré que aceptar el destino. En la vida también hay que saber parar.

-   Buenas noches agente.
-  ¡Hola cariño! Te he visto coger la bicicleta y he pensado en gastarte una broma.  
Eh… hola mi amor. ¡Vaya sorpresa! ¿Mucho curro?
Nada, está todo tranquilo. Cuando acabe el turno compro churros y te despierto para desayunar.

lunes, 6 de agosto de 2018

Camarón. De la isla al mito

Necesito drogar mi cuerpo
para sentirme despierto,
porque cuánto más vivo
más hondo es el sufrimiento.


El desgarro que parte el alma, 
me deja al pairo del viento.
Que el universo abra 
la puerta al entendimiento.


El dolor empapa la noche,
Al alba se guarda adentro.
La risa inunda el hueco
dejado en mis sentimientos.

"La vida, la vida, la vida es... un contratiempo"

jueves, 26 de julio de 2018

Dolores, que bonito nombre tienes

Quien podía imaginar que allá por los años 90 mientas en el radio casete de mi adolescente hermana sonaban con toda su fuerza y magnetismo Los Cranberries, aunque yo no entendiese una sola letra de lo que allí decían, sus melodías iban a permanecer latentes en mi memoria para aflorar con una inusitada fuerza y clarividencia dos décadas después.  

Su vocalista Dolores O´Riordan fallecida en Enero de 2018 me ha traído al presente a todas esas personas que con una gran sensibilidad viven sumergidas en un inmenso y desgarrador dolor que no les deja vivir... hasta tal punto que solo se encuentra reposo en  la muerte.

No obstante, estas personas no dejan el mundo sin aportar un inmenso halo de luz en cualquiera de las formas que el arte permite expresar; música, pintura, interpretación, escultura... la única forma de hacer llegar su sentir es a través de lo inefable. Expresiones artísticas que sirven de inspiración para millones de vidas humanas que, por suerte o por desgracia, no están abiertos de la misma manera a la percepción del misterio de la vida. 

La existencia es un gran enigma sin solución. Solo algunas experiencias estéticas nos ayudan a intuir como todo está imbuido de la obra y gracia. Y mientras algunas personas recorren su camino de sufrimiento en esta vida terrena, trascendiendo su propio ego, practicando el perdón y en sintonía con el "Amor". Otros nos beneficiamos de su inmensa generosidad, que se concreta en su total dación y entrega en este mundo que no lo sienten suyo, dejando un legado imposible de borrar y que permanece en la memoria colectiva para iluminarnos algo más el sendero. 


I want more

Impossible to ignore
Impossible to ignore
And they'll come true
Impossible not to do
Impossible not to do

Gracias Dolores

sábado, 26 de mayo de 2018

Cuando todo sale según lo (im)previsto

Hacía años que no viajaba en tren hotel y guardaba unos fantásticos recuerdos de esos viajes. La ocasión era inmejorable. ¿ Cómo llegar a A Coruña pasar el día entero allí y volver a Madrid sin el estrés del avión, ni gastar noches de hotel? La solución estaba clara. El tren hotel era la opción. 

Nada más subir al tren afloraron a través de los anclajes positivos aquellas viejas sensaciones de viajes pasados, hasta tal punto que la inspiración me sobrevino escribiendo las siguientes líneas:  


El tren nocturno vuelve a mí.

Como vuelve la primavera,
los recuerdos de la infancia o todo aquello que nunca se terminó de marchar.
La noche, las estrellas y la luna nos acompañan,
junto con el sonoro traqueteo del discurrir del convoy por las vías.
La oscuridad invita a reflexión y encuentro con la parte más íntima de uno mismo,
el incesante bamboleo nos recuerda que todo fluye, 
mientras tenemos la falsa sensación de permanencia.
La banda sonora del tren sobre las vías recuerda al ritmo cardíaco, 
trutrun...trutrun... trutrun... trutun... una y otra vez, 
y que curioso que cuando cesa dicho ruido,
me sobresalto y despierto del sueño ligero que se puede conciliar en este camarote.
Como si nos estuviesen advirtiendo que cuando cese el sonido del corazón, 
tendremos que bajar del tren y el viaje habrá acabado.
Seguimos viajando... porque, probablemente, nunca hayamos dejado de hacerlo.


Una conversación casual con uno de los compañeros de cabina me devolvió a la parte más terrenal de aquel romántico reencuentro. Nos comentó su mala experiencia hace unos días cuando el mismo viaje en sentido inverso se vio interrumpido de madrugada porque el conductor había llegado al límite de horas permitidas al frente de la maquinaria, por lo que les reubicaron en un moderno AVE de Valladolid a Madrid que incluso hizo que llegaran antes de la hora prevista si hubiesen ido en el coche cama. Por su tono parecía que no teníamos la misma percepción sobre la experiencia de viajar en tren hotel.

Antes de quedarme dormido me percaté de un significativo cambio respecto a la última vez que viaje de noche. Los cuatro pasajeros estuvimos unos minutos en silencio mirando nuestros móviles y contestando mensajes. Sin embargo recuerdo como hace algo más de una década, cuando aún no existía la posibilidad de comunicación instantánea, se solía compartir entre los pasajeros el motivo que a cada uno le movía a realizar el viaje, siempre conocías historias, una entrevista de trabajo, realizar el camino de santiago, un noviazgo a distancia, un negocio por cerrar, estudiar lejos del hogar familiar, la academia militar o un repentino fallecimiento de un ser querido eran algunas de las causas que se podían escuchar, a modo de confesionario en las literas de los vagones en los primeros compases del tren sobre las vías.

En el primer tercio del viaje la meteorología se quiso sumar al romanticismo del ambiente aportando una intensa lluvia que con las ráfagas de viento racheado golpeaba sobre el cristal del vagón, ofreciendo un espectáculo sonoro que hacía aún más si cabe, emotivo el mero hecho de plegarse sobre uno mismo en el tibio camastro para continuar durmiendo. 

En sucesivas ocasiones el maquinista fue parando y reiniciando la marcha hasta que al alba, el pasajero que nos contó su última mala experiencia venía malhumorado de hablar con el interventor: 
- Con la tormenta ha caído un árbol sobre la catenaria, llevamos parados tres horas y apenas hemos pasado León. 
No pude evitar se me escapase la risa mientras le pregunté: 
- ¿Cómo dice? 
- Probablemente nos trasladen en autobús, la demora puede llegar hasta las seis horas.
- Fantástico, echaré una cabezada hasta que llegue ese momento - le contesté quitando hierro a la mala noticia-
- Suerte la tuya, yo no aguanto por mi espalda tantar horas tumbado. Espetó antes de salir del camarote.

Efectivamente, el personal de a bordo no tardó en avisarnos, creo que tuvieron el detalle de esperar a que amaneciese para no alterar el descanso nocturno. Cual es mi sorpresa cuando bajamos del vagón y estamos en un maravilloso apeadero construido a principios del siglo XX, en una humilde aldea entre León y Villadangos del Páramo, con el consecuente recuerdo de la primera vez que hice el camino de santiago estrenando mi mayoría de edad. Me vino a la mente aquella vitalista frase: ¿Cuándo ha sido la última vez que has hecho algo por primera vez?

Parecía estar todo preparado para continuar la marcha pero por algún motivo no se reiniciaba el viaje, lo cual no hacía sino acrecentar el malestar y nerviosismo de los pasajeros que tenían previsto llegar a primera hora de la mañana a La Coruña. En ese momento de tensión, vimos aparecer bajando la húmeda escalinata de granito repleta de musgo por su desuso y las condiciones naturales de la región, a dos parejas de invidentes acompañados de una preciosa perra de raza labrador color chocolate. Lo cual hizo despertar la inquietud de algún que otro pasajero ya que aquello demoraba en el tiempo aún más la puesta en marcha hacia el destino. 

Cuando las parejas de invidentes se ubicaron en el autobús debieron percibir que un silencio sepulcral les rodeaba a pesar de ir todos los asientos ocupados. En ese momento, y como si de un guión de película de humor se tratase comenzaron a decir: 

- Antonio, que te dejen conducir a ti que llegaremos en un visto y no visto.
(algunos hicimos alguna sonrisa ante tal afirmación, que no habría pasado de anécdota si no fuese porque su pareja le dijo:)
- Manolo, no chilles que la gente debe ir durmiendo,o acaso no ves lo callados que están.
- María, yo ya te dije que este viaje no lo veía nada claro.
- Bueno, no discutamos,que esto está visto para sentencia. 

Y ahora sí, la carcajada del autobús fue incontenible, las prisas fueron menos y las baterías de los móviles se acabaron, lo que nos permitió retomar la sana costumbre de contarle al de al lado el motivo de nuestro viaje, compartir la desazón que a cada uno le causaba no llegar a la hora prevista al destino final y disfrutar del paisaje mientras que volvimos a coger el tren en Astorga y tuvimos que volver a usar el Bus en Monforte de Lemos... (efectivamente) el conductor había excedido por ese día su horario permitido al frente de la maquinaria. 

De nuevo el tren hotel me dejó un anclaje positivo para la próxima vez que vuelva a viajar. En la estación de Coruña los pasajeros nos despedimos deseándonos lo mejor para el resto del día con un sororal abrazo de agradecimiento a los pasajeros que nos alegraron el viaje con su sentido del humor. 

Espero poder volver a decir aquello de: "Todo ha salido según lo imprevisto"

miércoles, 25 de junio de 2014

Nietzsche contra el mundo (1 - 0)

 Semanas antes de que hubiese elecciones europeas se podía leer lo siguiente por las columnas de la facultad de filosofía de la UCM.

                                A LOS MORALISTAS DE LAS ASAMBLEAS
Cuando pienso en esa ansia de actuar que excita y aguijonea incesantemente a millones de jóvenes europeos, incapaces de soportar el aburrimiento o de soportarse a sí mismos, entonces comprendo que ha de existir en ellos un ansia de sufrir para extraer de su sufrimiento una supuesta razón para emprender una obra o acción.
¡Es preciso que exista la miseria! De ahí el griterío de los políticos, de ahí muchas "situaciones de miseria" de toda especie, falsas, inventadas y exageradas junto con la ciega disposición a creer en ellas. El mundo joven desea que desde afuera no venga ni se haga ostensible algo así como la felicidad, tan sólo la infelicidad. Su imaginación está ya ocupada de antemano en formar previamente un monstruo. Si estos codiciosos de miseria sintiesen en sí mismos la fuerza para hacerse bien a ellos mismos desde su interior, y de procurarse algo, también serían capaces de proporcionarse desde dentro una miseria particular, y propia. Sus invenciones podrían ser más sutlines, sus satisfacciones podrían sonar para ellos como buena música, ¡mientras ahora llenan el mundo hasta rebosar con sus gritos de socorro y, en esa medida, demasiado a menudo con el sentimiento de miseria!
No saben cómo emprender algo consigo mismos, y así pintan la desgracia de los otros en las paredes. Tienen siempre necesidad de otra cosa; luego, de otra y de otra.
Friedich Nietzsche
El ansia de sufrir de La gaya scienzia.

jueves, 29 de noviembre de 2012

La expulsión de los mercaderes del Templo (Jn 2,13-25)

En los tiempos que corren titular una entrada del blog con una cita bíblica no puede hacer sino ahondar más la zanja o el abismo que nos entretiene tanto en discutir si es blanco o negro y viceversa.

Soy consciente que me expongo a que algunos me tachen de beato y se opongan simplemente por ver vestigios de "religiosidad" en mi ánimo.
Igualmente los contrarios, llevarán el tema a su terreno haciendo pasar por ruedas de molino todo lo que sea menester para ofrecer como solución salvífica los textos que autodenominan sagrados.

Sea como sea, bienvenidos y bien hallados todos, porque a todos nos compete cooperar durante el viaje hacia el constante fracaso (y que nunca sea un éxito, por nuestro bien).

Hechas las presentaciones, me ha venido a la mente la cita de San Juan en referencia a lo que esta acaeciendo en la sanidad...véase que no digo pública-privada, gratuita-pago, universal-particular, ya que esta tan de moda retorcer las palabras que prefiero dejar esos debates para lingüistas y asumir que moldeo los conceptos a la horma de mi zapato, al menos tengo pretensión de así reconocerlo y advertirlo, hábito que dicho sea de paso, recomiendo encarecidamente a los políticos-publicistas, que me da la impresión de que en aras de abarcar la mayor horquilla de población votante posible fabrican lemas que en 30 segundos de televisión, radio, internet o cualquier otra forma de telepatía sean capaces de captar adeptos-borregos (perdón por lo de adeptos).


Considerando que ya he escrito más de todo lo que quería escribir, procuraré pasar al argumento (hecho a mi medida, insisto) que me ha traído hoy aquí. Ya que no hacen caso a los argumentos propuestos en pro de la Sanidad tal y como la conocemos, voy a tirar de fondo de armario no vaya a ser que suene la flauta.

Estábamos en que Jesús de Nazaret, según cuentan expulsó a los mercaderes del templo, y digo yo que si no sería por aquello de no mezlcar churras con merinas, es decir, que tal vez a Jesús le pareció que no era apropiado que un lugar sagrado se hiciesen según que actividades,  pero tal vez lo peor de todo no es si el lugar es sagrado, profano o el Nou Camp, sino que Jesús era consciente de la importancia de la hierofanía, es decir, hay algo de lo que no se puede hablar con palabras (valdío intento el mío) que nos acompaña en nuestra existencia, si no es antes o después o nunca o siempre, que forma parte intrínseca del Ser y pretender permanecer obviando que lo esencial es invisible a los sentidos, no nos lleva sino a seguir ahondando en la brecha o abismo en el que vivmos instalados, igualmente que insistir en abandonar el mundo de la physis a su suerte. "la paz duradera vendrá de la mano de la conciliación de ambos bandos"

Recapitulando, en nuestro habérnoslas con las cosas de este mundo, existe un momento previo-instantáneo, dónde entra en juego una noción de aspecto (definición de eidos según Ferrater Mora) de la cosa en sí con la que nos estamos relacionando, es una suerte de definición, estatuto, constitución de las cosas que media sin palabras, es decir, de manera inefable.

Y no se vosotros, pero a mí personalmente, me resulta algo complejo relacionarme con lo inefable, de tal manera que si no ando todo el día consciente a no perder de vista lo que no se tiene a la vista, dejo de pensar en ello y como no puedo pensar en ello con palabras, puesto que es inefable, ando haciendo funambulismo para no caer (más) al fondo del pozo.

Esto es, si perdemos de vista la importancia que tiene ser consciente de la diferencia existente entre el eidos (suprasensible) y la cosa (sensible), obtenemos como resultado que las cosas de este mundo pierden su estatuto, su definición, su constitución...por lo que nos desenvolvemos en una mezcolanza, en una amalgama dónde todo parece valer, dónde nada está sujeto a su forma ni constitución, sino al arbitrio hasta tal punto que lo que nos jugamos es la idea de bien y que lo que nos jugamos es que las personas seamos fines en nosotros mismos y no parte de esa amalgama susceptible de formar parte de la cadena de producción y consumo. Hagamos poesis conforme al eidos, en palabras de Hölderlin: "Poéticamente habita el hombre la tierra"

Y como diría Ramón García en ¿Qué apostamos?, y todo esto porque...: la sanidad merece ser tratada conforme a su eidos, estemos a la altura humildemente sentémonos a problematizar sobre nuestras afecciones y pasiones, o lo que es casi lo mismo: nuestras patologías y sus abordajes (léase cómo gestionarlas). Por si vienen mal dadas, y para no perder el humor, os dejo una forma económica de gestión llamada hoponopono, que nadie olvide que antes de los SPECT estuvieron los chamanes.

Pido perdón por las imprecisiones y subjetividades que induzcan a (más) error y agradezco profundamente las soflamas que he escuchado a profesores de la USALUCM que no mencionaré para salvaguardar su dignidad y que les cedo todos los derechos de propiedad intelectual que haya podido usurpar los últimos años.






domingo, 21 de octubre de 2012

Pinceladas sueltas

"Pues evidentemente estáis hace ya mucho familiarizados con lo que queréis decir propiamente cuando usáis la expresión ‘ente’, mientras que nosotros creíamos antes comprenderla, mas ahora nos encontramos perplejos.” Sofista, 244a, Platón.

- La importancia del diálogo y de construir conocimiento juntos.

- Vivir como el extranjero, que habita constantemente en lo extraño, perplejo por lo cotidiano.

- Volver y retomar el origen de la cuestión y no pretender finalizar con la respuesta sino vivir con la actitud inquisidora, del que pregunta, se cuestiona, realiza crítica.